En estos momentos, la situación nacional parece que no es algo que preocupe al sector moderado y reformista de CCOO y mucho menos al filosocioliberal UGT.
En la manifestación del 1 de mayo en Madrid, el actual Secretario General del Partido Comunista de España, Francisco Frutos, se lamentaba de que no hubieran asistido grandes masas de trabajadores, “es una pena con la que está cayendo”, decía.
En un año en el que más de 380.000 personas han pasado al paro (500 solamente en mayo), y en el que las afiliaciones no solamente quedan quietas sino que descienden a pasos agigantados, parece que esto no es algo relevante para Fidalgo y compañía, a quienes todavía hoy sigo sin ver distanciándose de la política sindical de moderación salarial, una política ridícula y de cesión ante el patrón, por cierto tan ridícula, que ni siquiera los sindicatos socialdemócratas de Europa la han aplicado, eso sí, los españoles han sido los pioneros en eso.
El petróleo nos ha subido más de un 40% en un año, y los transportistas autónomos ya han llamado a la huelga para el lunes, pero esto tampoco parece preocuparle ni a CCOO ni a UGT, quienes simplemente se limitan a decir que hay que subir los salarios.
¿Subir los salarios?. Durante estos días en la televisión, las radios y en la calle se habla de otro proyecto fantasma que a buen seguro rápidamente cobrará forma en el Partido Popular y en el PSOE, un proyecto que desde los sindicatos mayoritarios se debería de estar combatiendo por adelantado, precisamente para evitar que esta vez nos la vuelvan a colar antes de que nos de tiempo a defendernos.
Dicho proyecto, que paso a exponer a continuación, se basa en alargar la vida laboral de la clase trabajadora para así compensar la falta de mano de obra (en estos momentos se sabe que solamente en la Comunidad Autónoma del País Vasco se necesitan ya 25.000 personas para cubrir todos los puestos en la industria en los próximos años), esta reforma supondría que en el futuro, la nueva generación de españoles que ahora mismo rondan los 20 y 30 años, tendría que esperar hasta más allá de los 70 para jubilarse. Estas reformas no descartan, además, aumentar la jornada laboral.
En una España supuestamente consolidada en la economía fuerte y en la democracia se debiera de estar exigiendo una jornada laboral de 35 horas como mínimo, pero no, en lugar de eso, nuestros sindicatos mayoritarios se limitan a solicitar tímidamente ante el poder un aumento salarial, lo que sin duda favorece el sentimiento de desprecio y desconfianza ante el sindicalismo en la clase trabajadora, que es la que está sufriendo los efectos de esta crisis, que no desaceleración, una crisis en la que podemos ver a diario en los medios al ex Presidente de la patronal, Cuevas, afirmando que está muy satisfecho por la labor de este gobierno, una crisis en la que se habla de que Eduardo Zaplana cobrará 600.000 euros (100 millones de pesetas) al año por ser el encargado de Telefónica en Europa, una crisis, en definitiva, que no es crisis para las clases privilegiadas, que seguirán sacando tajada y exprimiendo los bolsillos de quienes sostienen realmente este país y se ven abandonados a su suerte gracias a los sindicatos de CCOO y de UGT.
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